Lina.
No fue un lugar cargado de simbolismo, y eso, después entendí, fue lo más inquietante.
El hospital público siempre me había parecido un espacio neutro: pasillos largos, luz blanca que no pretende consolar a nadie, gente que camina rápido porque quedarse quieto duele más.
Yo estaba ahí por Noah, un control de rutina. Nada extraordinario, nada que justificara que el pasado decidiera alcanzarme entre una máquina de café y una fila de formularios mal impresos.
Había pasado apenas un mes desde la úl