La Otra Heredera.
A Vivienne Vance no la anunciaron.
No hubo correo previo, ni alerta en el calendario, ni ese murmullo anticipatorio que suele preceder a los movimientos importantes dentro de una empresa.
Simplemente apareció. Y yo lo supe incluso antes de verla.
Fue algo sutil, casi invisible, pero suficiente para tensarme la espalda: el cambio en el ritmo del piso ejecutivo.
El sonido constante de Quinn Design: teclas, pasos medidos, conversaciones bajas, se contrajo de golpe, como si el aire hubiera sido asp