Verdad Enmascarada.
El aire de la oficina parecía más pesado que de costumbre, cargado de esa sensación de vigilancia invisible que se instala cuando sabes que alguien más mueve las piezas detrás de lo que ves.
Caminaba entre los escritorios, sintiendo el murmullo tenue de los empleados como un latido constante: todos observaban, todos evaluaban, y yo me sentía al mismo tiempo en control y atrapada por esa mirada colectiva.
Dorian apareció de pronto, entrando con esa calma meticulosa que siempre me desconcertaba.