La Noche más Larga.
La mañana comenzó con ese silencio espeso que anuncia un día difícil. No era un silencio tranquilo, sino uno que parecía vibrar bajo la piel, como si algo me observase desde un punto invisible de la habitación.
Noah dormía en su camita, enredado en su mantita azul, respirando profundo, completamente ajeno al caos en el que yo me estaba convirtiendo.
Me obligué a levantarme. Sentí la pesadez en las articulaciones, no por cansancio físico, sino por el agotamiento emocional que parecía cristalizar