La Herida se Abre.
Noah había cambiado sin que yo pudiera darme cuenta al instante. Lo noté primero en sus ojos, que antes brillaban con curiosidad y energía, y ahora estaban cargados de desconfianza, de un peso que no correspondía a su edad.
Las pesadillas se habían vuelto frecuentes, y cada noche se repetían como ecos de algo que no podía nombrar.
A veces se levantaba en medio de la oscuridad, temblando, con las manos sobre mi hombro, buscando un refugio que yo misma empezaba a cuestionar si podía ofrecerle.
—M