La Grieta.
El sonido de la lluvia contra las ventanas del estudio me despertó antes de tiempo. No había soñado, o tal vez sí, pero lo que me perseguía al abrir los ojos era peor que cualquier pesadilla: el mensaje que había entendido de los mensajes del día anterior: “Tu hijo nunca debió existir.”
La repetí en mi mente mientras preparaba el desayuno de Noah, mientras le acomodaba la bufanda, mientras le daba un beso en la frente antes de dejarlo al cuidado de la niñera y el equipo de seguridad.
Cada vez q