El Visitante sin Rostro.
La noche en el estudio siempre tenía un sonido distinto al del día. No era silencio, era otra cosa: un murmullo contenido, una vibración mínima en las paredes, como si el edificio respirara. Esa noche lo sentí más que nunca, como si la estructura entera estuviera tensa, observando.
Desde la puerta forzada, el estudio había cambiado. Nadie lo decía en voz alta, pero se sentía: miedo, paranoia, pasos más rápidos en los pasillos.
Instalamos nuevos sensores, cámaras adicionales, un sistema de doble