La Gran Caída.
La sala de juntas estaba envuelta en un silencio que cortaba como cuchillo. No era un silencio de tranquilidad, sino de expectación contenida, de poder contenido a punto de estallar.
Vivienne Vance presidía la reunión con su elegancia habitual, su porte impecable, cada movimiento medido, cada palabra calculada.
No hacía ruido, no necesitaba hacerlo; la mera presencia de su apellido imprimía autoridad absoluta.
Caelan estaba sentado frente a ella, con la espalda rígida y los dedos entrelazados s