Insomnio.
No sé en qué momento la noche dejó de ser descanso y se convirtió en un territorio hostil. A veces siento que mi propia casa respira conmigo, que las paredes se ensanchan y se encogen con cada pensamiento que intento callar. Hoy no es diferente.
Noah duerme. Yo no.
El reloj en la mesita parpadea las dos y algo, pero hace rato dejé de mirarlo. Cada vez que lo hago, me arde la garganta, como si el tiempo fuera una amenaza y no un indicador.
Me acomodo sobre la almohada por tercera, tal vez cuarta