Lina en Alerta.
Lina llegó sin avisar.
No fue un error. Lina nunca aparecía sin calcularlo. Si estaba ahí, de pie frente a mi puerta, con el abrigo mal cerrado y el cabello todavía húmedo, era porque ya había agotado todas las otras opciones.
La dejé pasar sin preguntar.
El silencio que se instaló entre nosotras no fue incómodo al principio; fue expectante. Como si ambas supiéramos que ese momento había estado formándose desde hacía tiempo, creciendo en segundo plano, esperando el punto exacto de presión para