El Precio del Equilibrio.
Hay ofertas que no necesitan ser formuladas con dureza para ser peligrosas. No vienen envueltas en amenazas ni en gritos. Llegan con voz calma, con una lógica impecable, con esa serenidad que solo tienen quienes saben que el tablero ya está inclinado a su favor.
Vivienne me citó un lunes por la mañana.
No en una sala de reuniones formal, sino en una de las salas intermedias del edificio: vidrio esmerilado, café recién servido, sillones bajos.
Un espacio pensado para conversaciones “razonables”.