El Nombre Prohibido.
La mañana empezó con una calma falsa, como un vidrio pulido a punto de resquebrajarse.
Apenas llegué al estudio inventé la excusa más segura que se me ocurrió:
auditoría interna.
Era perfecta. Inofensiva. Nadie haría preguntas. Nadie sospecharía que yo estaba rastreando los restos de un fantasma corporativo con apellido Vance.
Pedí acceso a los archivos viejos, los que estaban guardados en la intranet antigua, la que casi nadie usaba. Los servidores archivados tenían un silencio particular, com