El Fantasma de lo que Fuimos.
La noche cayó como un telón pesado cuando finalmente cerré la puerta de mi departamento. Sentía los músculos tensos, las manos temblorosas y una presión en el pecho que no se aflojaba. No debería haber sido un día tan difícil, no debería haberme afectado tanto, pero lo hizo.
Apoyé la espalda contra la puerta y solté el aire en un suspiro largo, quebrado. Todavía podía ver a Caelan parado en medio de la oficina, con esa compostura impecable que usaba como armadura mientras Lina gritaba, lloraba,