Celos.
La mañana siguiente amaneció igual que yo: cansada, desajustada, con la sensación incómoda de haber sido sacudida durante la noche aunque no recordara exactamente cuándo.
Dormí poco. No porque no pudiera, sino porque cada vez que cerraba los ojos veía a Caelan en el suelo de mi oficina, temblando, recuperando recuerdos que su propia mente estaba intentando expulsar como si fueran veneno.
Y luego ese instante en que se apagó por completo, como si alguien le hubiese cerrado la memoria desde adent