Dorian Maxwell.
Siempre había enfrentado a Dorian desde el mismo lugar: el de la lógica, el análisis frío, los argumentos construidos con datos, la disección metódica de cada decisión. Él respondía en ese idioma con fluidez impecable. Era su terreno. Allí era difícil desequilibrarlo.
Esta vez no fui como estratega.
Fui como madre.
Lo cité en su oficina, pero no esperé a que me ofreciera asiento ni a que desplegara su habitual cortesía medida. El espacio estaba diseñado para proyectar control: líneas limpias, l