Golpes Bajos.
No estoy de humores para suavizar golpes.
—Dorian.
No hay saludo, no hay contexto. Solo ese nombre saliendo de mi boca como si ya estuviera cansada de sostenerlo dentro.
Observo directamente a Caelan, esperando una grieta que no aparece.
Caelan ni siquiera parpadea distinto.
No hay rabia, no hay sorpresa, no hay nada que me confirme que le importo de la forma en la que necesito que le importe. Solo me observa como si acabara de cambiar una pieza en un tablero y él estuviera evaluando la jugada.