Ya había mandado a buscar con el enfermero, a los guardaespaldas que contrató para la seguridad de la propiedad y se acercaban al sitio.
Quería también utilizar este suceso, para escarmentar a todos los empleados y que vieran las consecuencias de hacer mal su trabajo.
— Señor, por favor, discúlpenos, nosotras nos equivocamos. Nos arrodillaremos delante de la señora, si es necesario, ¡déjenos ir por favor! – una de las doncellas comenzó a suplicar y todas las demás las siguieron.
Perder el emple