Henry comenzó a arrastrarse con ayuda de sus entumecidas manos, centímetro a centímetro, acercándose dolorosamente a Eva.
Afortunadamente, este pequeño cuarto en donde estaban, no era muy grande que digamos, pero le pareció que había pasado toda una vida cuando estuvo al alcance su pálida esposa que a penas respiraba.
Estas personas que fingían ser nobles frente a los demás, no eran más que unos animales sádicos vestidos de personas.
Henry juntó su cabeza a la de Eva, intentando de alguna maner