Su cabeza había quedado cerca de la mano que Henry tenía sobre su pecho, no se lo había imaginado, él había pasado los dedos muy suavemente por su cabello.
Porque hacer solo esa acción le llevaba prácticamente toda la fuerza que podía reunir en sus extremidades.
— ¡Henry! - exclamó Eva y luego se llevó la mano a la boca y miró hacia la puerta cerrada de la habitación, a pesar de la grata sorpresa, no olvidaba que nadie podía descubrir que Henry estaba reaccionando.
— Henry, ¿me puedes entender?