Capítulo 46. Dos líneas.

POV: Irina

La mañana parecía perfecta: limpia, pulida, con un sol que se colaba entre las cortinas como si todo estuviera en orden.

Me quedé mirando esas franjas un buen rato, respirando hondo para ahuyentar el malestar que me visitaba de vez en cuando. No era dolor, sino una nueva conciencia del cuerpo, como si cada músculo hubiera aprendido un alfabeto distinto durante la noche.

María dejó la bandeja sobre la mesita del cuarto sin preguntar nada. Té de hierbas, pan tostado y mermelada ligera. La seguí con la mirada hasta que cerró la puerta.

Debajo de la servilleta, junto a la cucharita, había algo que no esperaba: una cajita blanca y discreta, sin letras a la vista. La levanté con dos dedos. «Farmacia del Ponte Vecchio», decía el adhesivo.

La cajita pesaba menos que mi respiración. La llevé al baño y, antes de encender la luz, me detuve frente al espejo en penumbra. Mi rostro reflejado parecía el de otra persona: menos asustada que ayer y más decidida que hace un minuto.

—Esto es e
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