Capítulo 43. Celos que encantan.
POV: Irina
El resto del trayecto fue corto. La mansión nos recibió con claridad, como si supiera quiénes éramos, después de que nuestra sombra hubiera estado presente en sus paredes durante tantos días.
Entramos sin encender todas las luces. María había dejado una nota en la cocina («He enfriado vino blanco, disfrútenlo») y una vela encendida en la mesa más pequeña.
—Sube —dijo él—. Ya te alcanzo.
No pregunté nada. No hacía falta. En nuestra habitación, el espejo parecía más grande y reflejaba