Capítulo 19. Advertencia.
El silencio fue amable por un momento. Me descubrí apoyando el hombro apenas en el suyo, un gesto mínimo, casi un error. Me aparté antes de que contara como línea.
—Otra cosa —dije—. Y esta te va a gustar menos: quiero entrar al cuarto blanco. El del silencio y sola.
—No.
—Quiero saber si la casa me escucha cuando estoy sin ti.
—No.
—Gaspar…
—No.
—Dame una razón que no sea, porque lo digo yo.
—Porque el cuarto blanco es para soltar venenos —dijo sin pestañear—. Y hoy no quiero que entres ahí co