Emma
—¿Dónde dormiste anoche? —le pregunté bajando las escaleras.
—Buenos días —ni siquiera me respondió y tomó su café como si nada. — Ya veo que estás mejor.
—No me respondiste —solté un bostezo y me senté en el sofá. — ¿Dónde dormiste?
—No dormí —volvió a tomar café. — Te preparé el desayuno.
—¿Que hiciste, qué? —no lo podía creer.
—Si no lo comes, me ofendería mucho — sonrió sin mostrar los dientes.
—Esto es muy extraño —me puse de pie, mirándolo con aprensión.
—¿Qué cosa?