Bajé las escaleras y al llegar al último escalón, vi a Nick sirviendo algo en una taza.
—Aquí está tu té —me dijo y puso la taza en la isla. — Las pastillas. —me las entregó.
—Gracias —estornudé, me tomé las pastillas con el té. — Gracias por llevarme hasta mi habitación.
—No hay de qué —miré su espalda de arriba hacia abajo. — De casualidad... ¿hice o dije algo? —él se giró y secó sus manos con una toalla.
—No —respondió en seguida.
—Mmmh —dudé. — ¿Seguro?
—Sí.
—Bueno, iré a recostarme en el