Era como si mi dolor lo afectara de una manera que no podía ocultar, y esa preocupación genuina en sus ojos me conmovió profundamente.
Por un instante, pensé que lo que me ocultaba debía ser algo realmente grave, algo que no se atrevía a compartir conmigo.
Mi voz tembló al salir, pero logré articular las palabras que tenía enterradas en mi pecho:
—Yo también estoy enamorada de ti, Nick.
Sus ojos se iluminaron, brillando con un entusiasmo que hacía tanto que no veía en él. Se inclinó hacia mí,