Las horas de trabajo terminaban y preparé mis cosas para regresar a casa.
Tomé mi cartera y salí a tomar el ascensor privado que mi jefe indicó, cuando sentí que alguien me tomaba del brazo. ¿Qué mier...?
Iba a golpear a quien sea que me tomó del brazo, pero me detuve al ver que se trataba de nada más y nada menos que de Nicolas Russell.
—¿Qué?
Él se aclaró la garganta y me soltó el brazo.
—Iremos juntos a casa, Emma —dijo serio.
—No necesito que frente a mí finjas ser el marido modelo —alcé un