Emma se zafó de mi agarre rápidamente y me miró con mala cara, afortunadamente estábamos solos y no había nadie a nuestro alrededor, de lo contrario, sería un nuevo escándalo.
—No estoy jugando —respondió tajante, arreglando su blusa de manera tranquila, aunque sus ojos…
—¿Vas a responder mi pregunta? —alcé una ceja y la vi sonreír sin ganas, sacudiendo la cabeza—. ¿Por qué el teatrito?
Eso pareció enfurecerla.
—¿Crees que eres el único que sabe hacer un papel? —su tono era de resentimiento—.