DYLAN
—¿Vienes conmigo? —Harper se detuvo, a medio salir del coche—. Puedes acompañarme a clase.
Mi corazón se derritió. Miré a Ada, sentada en el asiento del copiloto.
—Podemos hacerlo —dijo ella.
—Entonces, sí. Me encantaría ver tu salón de clases. Vuelve a subir, que voy a estacionar.
—¡Yuju! —Harper saltó de nuevo a su asiento de seguridad y cerró la puerta de golpe.
Al salir de la fila de coches de la escuela primaria, encontré un lugar en el estacionamiento y apagué el motor.
—Vamos