DYLAN
Luché contra el impulso de tomar su mano para consolarla y decirle que nunca la decepcionaría, o que, si lo hacía, haría todo lo posible por corregirlo.
—Amé dejar a Harper en la escuela hoy —dije—. Quiero hacer eso todos los días.
Ella medio sonrió. —Qué bueno. Aunque el tráfico de camino se vuelve tedioso.
—El tráfico puedo soportarlo. Vale la pena.
Ada ladeó la cabeza. —¿Estás bien? Pareces nervioso.
—Lo estoy —giré el cuello y la enfrenté directamente—. Primero, quiero agradecert