RYLAN
Estaba en el bar con Slate, bebiendo el whisky más caro que tenían detrás del mostrador. Lo saboreábamos lentamente, disfrutando del sabor y de nuestro entorno.
—No sé cómo lograste entrar aquí —dijo Slate—. Este lugar es increíble.
Asentí, mirando a mi alrededor. Era una de las galerías de arte más grandes y elegantes de Los Ángeles, y había conseguido convencer a los dueños para que nos permitieran usarla como lugar para la boda.
— ¿Crees que le gustará? —pregunté.
—Le va a encantar