Cuando Tatiana regresó a casa sentía la necesidad imperiosa de desahogarse.
—¡Madre, no puedo más con esto! —exclamó Tatiana, arrojando su bolso de diseñador sobre un sofá de terciopelo. La frustración y el hartazgo se notaban en cada sílaba—. Eric es un tipo tan… tan gélido. ¡No quiero este matrimonio!
Mariola levantó una ceja, la mirada severa de desaprobación posándose sobre su hija. Su voz, aunque suave, llevaba el peso de la autoridad.
—¿Que no quieres este matrimonio? —replicó, dejando la