El sitio era magnífico. Cuando la camioneta se detuvo frente a una casa de estilo colonial, de paredes blancas y tejas rojas, Bianca se bajó con lentitud, sus piernas aún débiles, y comenzó a admirar todo.
Un jardín exuberante se extendía frente a la casa, con flores de colores vibrantes y árboles altos que ofrecían una sombra acogedora. El aire era más puro, y el sonido de los pájaros era lo único que interrumpía la paz. Lorena, siempre a su lado, se convirtió en su soporte, guiándola con suav