Bianca levantó la mirada, sus ojos aún velados por el cansancio y el shock, y se encontraron con los de Lorena. La duda y el miedo se reflejaban en ellos. La sola mención de la policía le había traído de vuelta la punzada de aquel horror, el frío del asfalto, la voz cruel de esos hombres. Negó con la cabeza, una lágrima solitaria deslizándose por su mejilla.
—Sinceramente, no creo que pueda hacer eso —dijo, su voz apenas un susurro tembloroso—. Me siento demasiado indecisa, demasiado confundida