Bianca y Clara se encontraron en el vestíbulo de Pretty para ir a almorzar. Optaron por un pequeño restaurante italiano que quedaba a unas cuantas calles de la compañía. El lugar era acogedor y olía delicioso.
—Gracias por invitarme a almorzar, Clara. Lo necesitaba —admitió, con una sonrisa sincera.
—Me di cuenta —confesó Clara, con un tono amable—. Te he notado un poco preocupada. ¿Estás bien, de verdad?
Bianca no supo qué responder. Su mente se llenó con la noche anterior. El recuerdo del