Bianca todavía se sentía estúpida. Haber acudido al piso de su exesposo y la noche que le siguió la hacían sentir terrible. Esa noche, en su cama, se dijo a sí misma una y otra vez: "Eres una tonta, Bianca. No tenías por qué hacer eso. Pudiste haberte detenido, pero no lo hiciste. Otra vez volviste a caer. De verdad, no sé en qué estabas pensando". Repetía las palabras, bastante afectada por todo lo que había pasado.
A la mañana siguiente, cuando se despertó, no quería salir de la cama. Estaba