Cuando Bianca salió del edificio, sintió que los ojos de todos la seguían. El pasillo, que antes le había parecido solo un camino a la salida, se sentía como un escenario. Los empleados, con la excusa de volver a sus puestos, lanzaban miradas indiscretas y susurros que le llegaban como dagas.
—Te lo dije, es ella—susurró una voz, clara en el silencio de los demás.
—No puede ser, ¿cómo se atreve a trabajar para su ex?—respondió otra, su tono lleno de desprecio.
Bianca tragó saliva, apretando