Hubo un momento de silencio, Ania y Álvaro lo observaron con sorpresa, mientras que Liam solo detalló la principal imagen que lo enloqueció y torturó, las manos de su esposa y del amigo, entrelazadas.
— Ania, no… — Susurró Liam.
Él se acercó a ella, para tomarla por la muñeca, arrancando las manos de Ania de entre las manos de Álvaro y con un jalón, Liam la levantó, apartándola de su amigo.
— Liam, ¿Qué haces? — Se quejó Ania.
— Aléjate de él, pude llegar a confundirte… Créeme, él no es el