Con unas enormes ojeras y un humor peor que el de antes, Liam se había presentado en la oficina, tenía un mes para dejar todo en orden y entregar la empresa Carter.
Aunque el compromiso con Victoria no había avanzado, él no pensaba rogarle a su familia que se retractara de la demanda.
— Señor… Señor… ¡Señor Carter! — La secretaria llamó la atención de Liam, quien de nuevo se había quedado ensimismado en sus pensamientos.
— ¿Qué? — Gruñó Liam, haciendo como si retomara sus labores y estuviera