— ¿Y dónde está Álvaro ahora? ¿Sabe usted dónde puedo encontrarlo? — Preguntó Ania, llena de ansiedad, al principio la enfermera negó, pensativa, pero luego susurró.
— Solo escuché que el doctor abrió un pequeño consultorio particular en un pueblito a las afueras de la ciudad. — Comentó la enfermera como si se tratara de un secreto.
«Algún día te buscaré» Sopesó Ania, al recordar a su amigo.
En ese instante, en la blanca y pulcra habitación de la clínica, lo único que importaba era ese cuerp