— Señora Anderson… — Alicia hizo un gesto como si la saludara.
— ¿Sí? — Ania retrocedió un paso.
Esa mujer estaba demasiado cerca y si algo había aprendido Ania de sus últimos encuentros con su hermana, era a no fiarse de ella.
— Oh, nada, es solo que… No puedo dejar de contemplarla… — Alicia comenzó a caminar lentamente por la periferia de Ania, como si la rodeara.
— ¿Por mí parecido a su hermana? — Ania elevó una ceja, atenta a los movimientos de Alicia. — Creí escuchar que usted dijo que