POV Sofía
Aiala y yo casi no pudimos dormir esa noche, y no era solo por las horas de vuelo ni por el cambio de horario, era la incertidumbre, Aiala dio de vueltas en la cama varias veces, mientras yo permanecía con la mirada clavada en el techo, con mis manos sobre mi vientre, preguntándome si Nueva York era el lugar correcto.
—¿Estás despierta? —preguntó Aiala, en voz baja.
—Sí.
—¿Tienes miedo?
—No es miedo —dije— me siento ansiosa, estamos en la casa de personas que no conocemos, y eso aunqu