POV Alejandro
Varga dejó la taza en la mesa, se giró despacio.
—¿Crees que dispararme soluciona algo? —preguntó, sonriendo— mira la mesa, Alejandro.
Miré, entre las dos tazas de café, había un monitor pequeño conectado a una cámara inalámbrica, mi sangre se congeló, no era una toma desde afuera; era una cámara interna oculta en el detector de humo de la cocina. Se veía a Sofía de espaldas, servía un vaso de leche.
—Tus persianas blindadas son excelentes para detener balas, pero no para detener