POV Alejandro
Cuando entramos a la habitación, Sofía se sentó en el borde de la cama y se quitó los zapatos, dejando escapar un largo suspiro, se veía agotada.
Me acerqué a ella y, sin decir nada, empecé a masajearle los hombros, sentí cómo se relajaba bajo mis manos.
—Pronto mejorará nuestra vida, nena —le dije en voz baja.
Ella se giró y me tomó de las manos, obligándome a dejar de masajearla para que la mirara de frente.
—A veces me da miedo que esto sea un sueño, Alejandro, que me despierte