Capítulo 77
Casi un mes había pasado y Augusto estaba al borde de un colapso. Entró como un huracán en la sala de su hijo, los ojos en llamas.
— ¡Tu detective debe estar hibernando para no haber encontrado aún a Patricia!
Rafael levantó las cejas, intentando mantener la calma ante la furia de su padre.
— Calma, papá...
— ¿Calma? — repitió Augusto con una risa amarga. — ¡Estoy poseído!
— Voy a llamarlo ahora, a presionarlo. Tal vez tenga algo...
— No, Rafael. Contrata a otro. Alguien competente.