Capítulo 68
Aquellos dos días parecieron haber durado una eternidad. Para Augusto, el tiempo en Rio Grande do Sul transcurría de forma extraña, como si cada hora se arrastrara con el peso de una década. En el último día en la ciudad, se quedó hasta tarde en la empresa; ya pasaban de las ocho de la noche cuando finalmente apagó el computador y salió de la oficina. El cansancio era evidente. Desde que salió del coma, sentía que su cuerpo aún no había recuperado el ritmo. Cada paso parecía exigir