Capítulo 67
Mientras tanto, en Roma, Estela caminaba de un lado a otro en su habitación sofocante y sin gracia. El tictac del reloj en la pared era lo único que rompía el silencio asfixiante. Ya había contado las horas tantas veces que hasta las manecillas parecían burlarse de ella.
— Si hubiera sabido que me iban a internar, habría fingido estar bien… me habría controlado — murmuró, los ojos llenos de rabia.
Realmente había tenido un brote, pero no imaginaba que el precio sería tan alto. El lu