Capítulo 12
Augusto sintió que su corazón latía más fuerte, como si cada latido resonara en el silencio de la habitación. Sus dedos, que antes vacilaban, ahora se deslizaban suavemente por su piel, como si temieran romper algo frágil y precioso. No era un hombre de muchos romances, ni de involucramientos pasajeros. Su vida siempre había estado regida por cierta distancia emocional, una barrera que él mismo había construido para protegerse. Pero allí, en ese momento, con esa mujer de ojos profun