Miel
Sin mirar hacia abajo a Santos, pasé rozando para tomar mi asiento en frente de él justo cuando una azafata a la que nunca había notado antes colocó un plato de comida en frente de mí. Ella sonrió en la dirección de Santos, sus labios rojos curvados seductoramente.
—Pechuga de cordero rellena con limón y ricotta.
Miré el plato.
—Yo... eh...
Santos lo agarró y lo empujó de vuelta en las manos de ella.
—Pedí la pechuga de pollo rellena. No el cordero.
—Señor...
—La dama no come carne roja. E