Santos
Aplaudí con mis manos en un aplauso burlón. —Eres una inteligente, también. —Eché hacia atrás el resto de mi bebida—. Eso no te tomó mucho tiempo.
—No voy a casarme contigo, Santos. —La forma en que me miraba con un destello de desafío en sus ojos, cómo fruncía sus labios carnosos, me divertía. Me hacía preguntar qué tan lejos tendría que llegar para romperla. Para hacerla perder su lucha y someterse. Para mí, la caza era mucho más tentadora que la matanza, y algo me decía que Miel habrí