Miel
Apenas podía poner un pie delante del otro. Mis emociones estaban demoliendo cada pizca de fuerza que me quedaba dentro de mí, borrándola como si no fuera nada más que polvo. Elena caminó hacia afuera delante de mí, y yo la seguí, rezando para no desmoronarme... al menos no hasta que estuviera sola.
—Aquí tienes —Elena se paró a un lado y apuntó a la puerta.
Me apresuré hacia el interior antes de que fuera demasiado tarde, antes de que las paredes se vinieran abajo derrumbándose, perdiéndo